Todo comenzó en una de las ediciones del Festival de Tango de la República de La Boca. Gabriela Novaro quedó cautivada por el estilo de Osvaldo Peredo que acompañaba a una orquesta. Desde allí, se fue formando un vínculo que, poco a poco, fraguó en conciertos y derivó en un disco, Berretín, que el dúo presenta los domingos de mayo, a las 19.30, en el Camarín de las Musas (Mario Bravo 960).

“Me impactó su manera de decir las letras y le propuse tomar clases con él. Quería conocer los hilos de su proceso al encarar cada tango y, a la vez, escuchar su opinión y sus sugerencias”, cuenta Navaro a Fractura Expuesta sobre el acercamiento a Peredo. “Primero se negó y me dijo, un poco incómodo, que nunca había dado clases. Pero accedió a escucharme y así comenzamos a reunirnos. Así fue durante un tiempo hasta que me invitó a cantar en El Boliche de Roberto y yo a él en alguna presentación. Después surgió esta idea de hacer dúos que se plasmó en el disco y el show que estamos presentando”.

Peredo, ese hueso difícil de roer al principio, finalmente aflojó las riendas: “Al escucharla percibí que tenía condiciones y, fundamentalmente, que buscaba decir las letras de otra manera. Por eso, cuando me propuso esta idea me gustó, me pareció algo diferente. Y a mi edad es muy bueno encontrar cosas diferentes”.

Berretín, de Novaro y Peredo.

¿Qué criterio guió la confección del repertorio compartido?

Osvaldo: Primero partimos del repertorio que cantaba cada uno hasta que Gabriela descubrió que, si elegíamos bien los temas y la secuencia, podían convertirse en una historia romántica. Luego, fuimos agregando o descartando en función de esa historia. Yo empiezo con “Cosas olvidadas” y enseguida aclaro que, en realidad, “es difícil olvidar algo que fue tan hermoso”. Siguen “Tú” y “Pequeña”, en dúo, pero después canto “Cuando me entrés a fallar” y ella me responde con “Quisiera amarte menos”.

Gabriela: Ahí empezamos a distanciarnos y discutimos con un set de milongas que quedó muy divertido para enfrentar después la tristeza de la separación con “Torrente”, “Los Mareados” y “En esta tarde gris”. Finalmente, llega la reconciliación y aunque es una historia tanguera, termina bien.

No es habitual un dúo mixto en el tango. En general, los grandes duetos estuvieron integrados por cantores hombres ¿Qué creen que posibilita la presencia de cantor y cantora, unidos?

Gabriela: Es cierto, no es habitual. Aquellos duetos se armaban más en función de criterios armónicos o musicales que poéticos, entonces sonaban hermosos pero perdían credibilidad. Este es uno de los principios que Osvaldo valora especialmente y por el cual es tan respetado, el ser creíble. Dos cantores mirándose a los ojos mientras cantan “Rubí”, a menos que actúen como una pareja, no son creíbles, como tampoco lo es una señora paqueta cantando como Tita Merello. Formar un dúo mixto permite decirse las letras de manera verosímil, dialogar. Hemos distribuido las partes de letra que cantamos en función de este criterio y tratamos de actuar en consecuencia. En “Rondando tu esquina”, por ejemplo, yo canto la primera estrofa (“esta noche tengo ganas de buscarlo”), Osvaldo canta la segunda (“yo no pienso más que en ella a toda hora”) y aun cuando cantamos juntos el estribillo, lo hacemos sin mirarnos, separados, dando la idea de que cada uno está pensando en volver sin que el otro lo sepa.

Osvaldo: Es verdad que casi no hay dúos mixtos. Fijate que Tanturi tenía a Elsa Ríos pero nunca formó dúo con sus cantores. El único antecedente que recuerdo es Charlo que cantó algunos temas con Rosita Quiroga. Sería lindo hacer con orquesta lo que estamos haciendo.