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Rubén Juárez: 10 frases de un hombre con alma de bandoneón

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Rubén Juárez: 10 frases de un hombre con alma de bandoneón

Puente generacional entre los capos del tango y las nuevas camadas, Juárez dejó un legado artístico indiscutible.

1. De cunas y arrabales

“De cordobés sólo tengo lo ladino. Y de Buenos Aires, todo lo demás. A los dos años ya estaba en Sarandí, donde me crié. Vivía ahí nomás de Villa Corina. La vida me enseñó muchas cosas en ese ámbito. Crecí en el arrabal puro, jugando al fútbol con Rojitas y Perfumo”.

2. Las nuevas generaciones de tango

“Mi bronca tiene que ver con los jóvenes autores y compositores que no tienen su oportunidad (…) Me gustaría que se difundieran mucho más los temas nuevos, esos son los que posibilitan la renovación permanente, la búsqueda constante que debe intentar todo artista. A los jóvenes se les hace todavía más difícil el ingreso a nuestra música más representativa. Les falta la necesaria identificación con lo que se dice, el tango a veces no llega a representarlos”.

3. Rubén Juárez o Jimmy Williams

“Yo tenía un grupo de música moderna. Cantaba y tocaba la guitarra eléctrica. Me hacía llamar Jimmy Williams y me gustaban Sandro y Los de Fuego. Era la década del 60 y escuchaba Los Teen Tops, Neil Sedaka. Los bailes eran el único lugar donde podías acercarte a una chica. Los bailes o el cabaret. Yo bailaba twist, boogie, limbo rock. Pero un día caí en el club Crámer de Avellaneda, cantaba Julio Sosa. Para qué. Arrancó con el Pido permiso, este tango habla por mí. ¡Ay papá, qué animal, qué presencia! Las mujeres se morían. Llegué a mi casa y le dije a mi mamá ‘quiero ser cantor de tango’”.

4. Con Troilo

“Cuando tenía 21 años vivía en una nube. Entraba a Caño 14 y saludaba a Pichuco, al Polaco, me volvía loco. Y en mi mejor momento, 1974, ‘75, había tenido muchísimo éxito con Café La Humedad, me lo encontré a Pichuco y le pregunté, todo agrandado, cómo me veía. ‘Y… todavía te falta un poquito de pescante –me dijo– andá tranquilo’. Bajé enseguida. Con Troilo aprendí tanto. Y él la pasaba bien conmigo, aunque la mujer no lo dejaba que compartiera el camarín conmigo. Porque estaba mal de salud ¿viste? Y si a mí el maestro me pedía un whisky ¿cómo se lo iba a negar?”.

5. Con Troilo, capítulo II

“Un día Troilo me dijo que quería ser mi padrino artístico. ‘A lo mejor, usted fue el hijo que yo no he podido tener’”.

El legendario bandoneón blanco de Rubén.

6. Sobre el origen bandoneón blanco

“En un encuentro con rockeros, Miguelito Cantilo salta y me dice ‘vos serías el apropiado para lavarle un poco la cara al tango’. Hice una pausa, me quedé pensando y de ahí mismo salí a un amigo mío, chapista, y le pedí un bandoneón blanco. En una semana lo tenía”.

7. Tango y rock

“Aparecen Los Beatles y empezó otra historia conmigo. A mí, ellos me comieron la cabeza”.

8. Una emoción

“Existe un momento en que hay que separar lo que uno está escuchando de las cosas que está atendiendo la gente. Hay que pensar en aquel que pagó una entrada y por ahí necesita mucho una emoción. Por eso el disfrute interno del intérprete tiene que ir paralelo con la atención. No se puede desperdiciar esa posibilidad de emocionar que todavía tenemos. Es un aspecto de nuestra música que en ningún lugar donde toco pasa desapercibido”.

9. “Me sale tango”

“Todo lo que yo puedo cantar, me sale como tango. Pienso como Charly García, que dice que el tango es parte nuestra, escribamos lo que escribamos, cantemos lo que cantemos”.

Juárez, García y Buenos Aires.

10. Los silencios

“Aprendí todos los secretos de los silencios del tango, a los que les debo buena parte de mi carrera”.

Bonus track: el Café Homero, la recalada, la salud

“¿Sabe qué pasa? El sueño del pibe de cualquier artista es tener tu boliche propio, hasta que lo tenés. De hecho, ahora lo estamos vendiendo. Ojo que ahí también pasé muchas cosas buenas, en lugar de ir a un psicólogo tenía mi recalada con amigos. Era el lugar para hacer lo que no se puede hacer públicamente, jugar al truco hasta la madrugada, no molestar a nadie, no hacer papelones. Pero te corta salud y te corta la carrera. Así que, sin intentar recuperar el tiempo perdido, que no fue perdido, estoy haciendo una vida más tranquila. Y trabajando mucho”.

La estatua de Juárez en La Falda, Córdoba.
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