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Omar Mollo: “Solo tomo los tangos que me pegan en el corazón”

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Omar Mollo: “Solo tomo los tangos que me pegan en el corazón”

Por Juan Pablo de Lucca • Una charla, desde Europa, entre dos generaciones de artistas de tango.

Hacia fines de 2020 el grupo El Muro y el cantante Omar Mollo, ambos instalados en el norte de Europa, realizaron una gira por Noruega en la que compartieron, a lo largo de 15 días, escenarios, cenas y más de 2000 kilómetros de ruta.

Lo que sigue es una muestra de ese encuentro, en boca del pianista -y ahora también entrevistador- Juan Pablo de Lucca (El Muro) y Mollo. Un repaso por la historia del cantor y guitarrista con sus inicios en Pergamino, la llegada a Buenos Aires, el rock, su desembarco en el tango y los aprendizajes y “goces de una vida normal”.

***

¿Y cómo empieza tu historia cantando?

Me acuerdo de haberlo pasado muy bien de chico con una familia que vivía en la esquina de mi casa, folkloristas, los hermanos Sarlinga. “Tatín” Sarlinga era el guitarrista de Antonio Tormo y tenían un trío de guitarras. Me enseñaron a bailar malambo, zamba y chacarera. Me llevaban los fines de semana con un micro a todos los pueblos aledaños de Pergamino y hacíamos una peña. Cuando cumplo 6 años, empiezo a aprender guitarra. Ahí arranca mi entusiasmo con este instrumento. Mi madre quiso que aprenda piano pero no me gustaba mucho. Así estuve toda mi infancia en Pergamino y a los 12 años armamos el grupo Los Romanceros de Achalay, dirigido por “Pepe” Motta. A los 12 años, nos mudamos a Buenos Aires y ya me empecé a mezclar con otras músicas, y el folklore y el tango siempre estaban. Conocí gente y lugares y luego a la música de la época, baladas, Santana. Después ya me pasé al rock y armé la banda Años bisiestos. A finales del ’69 me toca la colimba y me vine en un pasaje rápido a Buenos Aires dejando todo.

Mollo y El Muro durante su gira noruega en 2020.

¿Qué pasó después de la colimba?

Cuando terminó la colimba tenía ganas de armar un grupo de rock (MAM). Yo estaba escuchando Zeppelin, Purple. Yo venía de tocar con Jorge Cámara y le empiezo a enseñar a mi hermano a estirar las cuerdas y demás. Yo le hacía las bases y lo ponía a solear. Con un bajista y baterista del barrio -El Palomar- empezamos a ensayar. Cinco años de ensayos rigurosos, sin salir. Estábamos muy afilados. Llegó el chusmerio de Capital que venía a vernos. Venían todos. Grinbank, Oscar López, Jorge Álvarez. Nos presentaban contratos para grabar y yo estaba totalmente loco y les decía que no, no tenemos que transar con estos porque la música te la da Dios y yo no podía lucrar con eso. Una sanata que tenía en la cabeza. Hasta que tenemos un par de conciertos muy buenos con Litto Nebbia, Moris y otros. Hasta que llega el día de hacer el Luna Park y al baterista no sé qué le pasó, no hizo su solo, terminó el concierto y dijo ‘no toco más’. Se fue a Brasil con un circo.

“Durante 12 años dejé la guitarra, el canto, todo. Me enojé con la música”.

¿Entonces?

Ahí empezaron los problemas con los bateristas. Pasaron todos por la banda, desde Juan Rodríguez de Sui Generis hasta Claudio Martínez. Ahí venían a nuestro sótano el flaco Alambre, Pappo, Moro, montón de gente. Entre idas y venidas me rajé un fin de semana largo a Brasil, por cuatro días. Con la puta desgracia que me quedé 6 meses y empecé a abrir camino. Llamé a mi hermano y a los músicos para que vengan pero no querían sumarse. Después de 6 meses se vence la visa, volví y mi hermano y los músicos ya habían armado otros proyectos. A Arnedo lo llaman para Sumo y Ricardo va también. Ahí tenía 30 años. Durante 12 años dejé la guitarra, el canto, todo. Me enojé con la música. Yo armé el grupo, hice la sala, todo y después los pibes me echaron. Y yo nunca enganché con la parte comercial.

Mollo, su Gibson y el rock.

¿Cuándo y cómo volviste a reencontrarte con tu espíritu musical?

En el 2000 volví a rearmar MAM. Hicimos el festival de Cosquín todos los años y nos llamaban de todos lados. Pero los productores me decían ‘no, para este sonido ya está Divididos’, teníamos una onda parecida. Es al pedo pensé entonces. Habíamos firmado con DBN y tenía que presentar un disco en La Trastienda pero teníamos problemas con nuestro manager y entonces la llamé a Graciela Minervino. Nos habíamos visto de chicos antes, por amigos en común. Desde ese día que la visité en la radio produjimos muchas cosas juntos, al punto que es esto que ves hoy en día. Ya no nos separamos más.

Genética de tango y rock

¿De dónde sale la idea de hacer tango?

En todas las reuniones que había con rockeros yo siempre pelaba tango. Y ahí la convencieron a Graciela de que me joda para que haga tango. Todos los rockeros, excepto Pappo, querían hacer tango.

¿Algún otro rockero que hiciera tango?

Iorio, Ciro, el pelado Cordera, Celeste Carballo. Hicimos muchos homenajes al tango con Colángelo a la cabeza. Con Melingo, Gabi Epumer, Iván Noble. Todos esos escuchaban tango, y así fue como Melingo hace el programa Mala yunta donde iban todos los rockeros a cantar tango. Ahí me ve Albistur y me llama para hacer un disco. Yo estaba negado a cantar tango pero Graciela insistía y me dijo ‘en este país del rock no vas a poder vivir, hacé tango y vas a poder hacer lo que quieras”. Después me enamoré de cómo cambió el entorno de gente que me venía a ver. Tuve prontamente una respuesta hermosa aunque hasta el día de hoy me cuesta aprenderme las letras

“Siempre existió una tendencia de los rockeros a cantar tango. El rock argentino es re tanguero”.

“La diferencia no es el rock o el tango sino el carácter de las personas que lo tocan”.

En el rockero… ¿de dónde proviene eso de cantar tango?

Mi viejo era tan gardeliano que me mareaba, yo llegué a odiar al tango. Pero siempre existió una tendencia de los rockeros a cantar tango. El rock argentino es re tanguero, sino mirá a Miguel Cantilo.

¿En qué se diferencian el tango y el rock?

La diferencia no es el rock o el tango sino el carácter de las personas que lo tocan. En el rock es mucha la energía que se necesita. Yo terminaba agotado después de conciertos maratónicos. Hasta que me dije que eso no era más para mí.

El camino del tango

Y tu primer tango ¿cuándo lo grabás?

En el 2003. Hermoso disco que hice con Carlos Buono. Ahí salí a la pista. Luego los premios y todo eso. Podría haber sido socio de SADAIC en el 70 pero lo mío era tremendo. Y nadie me tiró un centro tampoco. La vida y la responsabilidad me llegó a esa edad, cuando encuentro a la mujer con la que hicimos juntos un proyecto de vida. Antes de juntarnos, hablamos mucho.

¿Escuchas músicas actuales? ¿Cantores que te gusten?

No, no escucho. Cuando escuchás muchas cosas, se te pegan. De entre los cantores de hoy, el que más me llega es el “Chino” Laborde.

“No te la creas, por más que estuviste en el mejor teatro del mundo, al otro día tal vez tenés que ir a lavar los platos”.

¿Cómo encarás la interpretación de un tango nuevo?

Escuchando al “Polaco” Goyeneche, de ahí saco lo que tengo que sacar. Lo escucho mil veces hasta que lo hago mío, después ya me largo a hacer lo que yo hago. Satirizo los tangos, los actúo, me meto en la historia y lo hago marcadísimo, hasta que te da risa o llorás de la emoción. Ya lo hice en tantos discos que ahora es natural. Solo tomo los tangos que me pegan en el corazón. Para construir un disco, escucho mucho. Aparte de chiquito escuché muchísimo folklore y tango y ya tenés el ADN de la música adentro.

¿Qué te dio el tango?

Todo, la verdad, el tango me dio todo. El rock no me lo dio porque yo no supe encararlo. Por eso siempre me culpo. Cuando empecé a laburar tuve resultados pero llegué tarde.

A los 70 años y con tanto realizado, ¿qué te dan ganas de hacer?

Hoy me motiva vivir mucho. Aprovechar, porque los días se acortan. El disfrutar las cosas chicas de la vida que elegiste, disfrutar de la buena comida y las caminatas. Sin esas cosas chiquitas no llegás a ninguna grande. Cada año es un escalón. No te la creas, por más que estuviste en el mejor teatro del mundo, al otro día tal vez tenés que ir a lavar los platos y hacer lo que tenés que hacer. Cocinar, limpiar, son los goces de una vida normal.

Antes de llegar a destino

Estamos en la camioneta volviendo de nuestro concierto en Flekkefjord, el último de esta gira. Venimos con instrumentos y valijas. En unos días todo esto será solo un recuerdo, una gira más y no me canso de resucitar viejas historias del rock y del tango, esas que solo vivo a través de lo que cuentan quienes las han vivido. Un último ping pong antes de llegar a destino.

¿El más tanguero de los rockeros?

Iorio.

¿El más rockero de los tangueros?

Goyeneche.

¿Un tango?

“Naranjo en flor”.

¿La mayor alegría que te dio la música?

Estar hoy con una estabilidad material y en el amor pleno.

¿Un escenario?

El escenario de la bondad, del no egoísmo, de la luz, la felicidad y el compañerismo.

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