La cantante Adriana Nano y el pianista Ricardo Zanón editaron Tangos y postangos, un álbum de escucha singular dentro del panorama actual del tango.
Ya disponible en plataformas digitales, el proyecto articula un recorrido en espejo entre tangos clásicos del repertorio rioplatense y sus correspondientes relecturas contemporáneas en forma de “postangos”, las legendarias interpretaciones creadas por el pianista argentino Gerardo Gandini.
La propuesta de Nano y Zanón se organiza como un diálogo estético. Cada tango interpretado por Nano, con acompañamiento pianístico de Zanón, es seguido por su reverso creativo, el “postango” correspondiente. En estas piezas, Gandini retomaba los materiales originales para intervenirlos desde una perspectiva compositiva que desbordaba la lógica de la variación tradicional. Lejos de la cita o el arreglo convencional, los postangos operan como reescrituras radicales, donde el lenguaje del tango es atravesado por recursos de la música contemporánea, el jazz y la tradición pianística de raíz académica.
Los “postangos” fueron concebidos por Gandini como “música sobre otra música”, una definición que sintetiza su poética: improvisaciones sobre tangos clásicos que el propio compositor interpretó y registró desde comienzos de la década del 90. Estas piezas, originalmente no escritas y difundidas en grabaciones y presentaciones en vivo, fueron reconocidas con el Grammy Latino en 2004 y durante años permanecieron sin posibilidad de ser recreadas por otros intérpretes en forma escrita.
El proyecto actual introduce una novedad sustancial, la transcripción de esas improvisaciones. Ricardo Zanón, con la colaboración de Sebastián Gangi, llevó adelante la tarea de trasladar al lenguaje escrito el universo sonoro de Gandini. Este proceso de fijación abre una nueva etapa en la circulación de estas obras, hasta ahora vinculadas exclusivamente a la práctica interpretativa del propio compositor.
El repertorio incluye piezas fundamentales del cancionero tanguero como “La última curda”, “Nostalgias”, “Milonga triste” o “El día que me quieras”, cada una seguida por su respectivo postango.
Dentro de ese marco, la interpretación particular de Adriana Nano y el piano de Ricardo Zanón construyen una primera capa de lectura más fiel al espíritu de los tangos originales, mientras que la segunda capa, bajo la visión de Gandini, desarma y reconfigura ese material desde una lógica de intervención crítica y expansión formal. El resultado es una escucha en tensión permanente entre memoria y ruptura, donde el tango aparece simultáneamente como tradición viva y como objeto de experimentación.
