La Orquesta Invisible, dirigida por el bandoneonista Julio Coviello, acaba de lanzar su álbum debut titulado Huella, una obra que refleja la evolución de un proyecto que une a músicos de diversas generaciones bajo una misma identidad artística. El disco incluye composiciones propias de Coviello junto con dos tangos y un candombe creados por los miembros de la orquesta.
“Una huella es el testimonio de un camino recorrido, un movimiento compartido por quienes transitan un mismo sendero”, reflexiona Coviello sobre el concepto que da nombre al álbum. El compositor señala que este álbum reúne, en una parte, sus 20 años de experiencia como creador, dos décadas en las que definió un estilo para transmitir emociones a través de la música, sin necesidad de recurrir a la fuerza. “Poder movilizar emociones sin utilizar la fuerza” es una de las máximas que Coviello ha cultivado a lo largo de su carrera, una filosofía que se transmite al sonido de Huella. Aunque, vale decir, la fuerza encuentra su versión en la intensidad y peso que proponen temas como “Centenera”, “Ceniza” o “18 de Julio”.

El disco también resalta la colaboración entre los miembros de la orquesta. Un enfoque colectivo en la creación musical que busca “evitar la monotonía” y enriquecer el repertorio. “Escribir con mis compañeros le da diversidad y amplitud a las ideas musicales. No es lo mismo que cuando una sola persona lo hace, el repertorio resulta más dinámico”, asegura el músico.
Generación de nuevos tangos: la creación colectiva como motor
Uno de los ejemplos más claros de esta colaboración es “Centenera”, el primer tango compuesto colectivamente por la orquesta. Según Rodrigo Almonacid, integrante de la agrupación, fue durante un ensayo cuando Coviello propuso el desafío de crear un tango juntos. “El proceso fue orgánico, Julio nos dio pautas y cada uno aportó lo que podía desde su instrumento, hasta que el tango empezó a tomar forma. Así nació Centenera, una pieza que refleja nuestra identidad de conjunto”, explica Almonacid.
La mezcla de generaciones dentro de la Orquesta Invisible es otro de los elementos distintivos. Músicos de diferentes edades y trayectorias, desde los cuarenta hasta los veinte y pico, se encuentran en esta formación, creando una amalgama de experiencias que se plasma en su música. “Toda la variedad de experiencias que tiene cada integrante se escucha en nuestra música”, comenta Coviello.
Resistencia y deseo
Más allá de la propuesta sonora, la Orquesta Invisible hace del encuentro colectivo y del deseo un motor fundamental del proyecto. Para la pianista Patricia Szilagyi, el proyecto es una forma de desmarcarse de las normas del mercado musical. “Todo el tiempo la sensación es que hay que hacer agrupaciones cada vez más reducidas para poder ganar dinero, que hay que trabajar cada vez más para poder juntar unos mangos para llegar a fin de mes. A mí me encanta esa sensación de revelarse contra el sentido común, poder decir ‘esto no es estratégico, esto lo hacemos porque queremos, porque lo amamos’”, afirma Szilagyi.

Los ensayos semanales en La Tierra Invisible, el espacio cultural que da nombre al grupo, es el ámbito donde la orquesta cultiva esta visión colectiva y de resistencia. “Ese lugar se ha convertido en un refugio, en un espacio donde sentimos que somos parte de algo más grande”, asegura Alex Valdez, contrabajista de la orquesta. “Fue allí donde nacieron dos de nuestras composiciones colectivas, “Centenera” y “Clave Blanca”, una muestra más de lo que somos como grupo”, agrega Valdez.
Con Huella, la Orquesta Invisible no solo celebra su primer aniversario sino también la consolidación de una filosofía de grupo orientada por la colaboración y la diversidad. La marca de una orquesta en el camino del tango.
- Escuchar el disco completo en https://music.youtube.com/playlist?list=OLAK5uy_nLtsITfhOzmW3CXCcTBNIbP058K87Mdds
